Los datos en el centro de la innovación: nuevas formas de acceso público y justo
Hace cien años, el petróleo definía el poder económico y geopolítico de las naciones. Hoy, ese rol lo ocupan los datos. Desde la inteligencia artificial hasta la medicina personalizada, pasando por la transición energética y la transformación de la manufactura, los datos se han convertido en el insumo clave de la economía digital y en la base de la cuarta revolución industrial.
Pero no todos los datos son iguales, ni están igualmente disponibles. Y esa desigualdad está generando nuevas brechas de innovación, de competitividad y de inclusión. Mientras algunos gobiernos están creando estructuras para liberar el valor de los datos de forma segura, otros los dejan completamente en manos del mercado. El problema es que mientras algunos gobiernos abren el acceso a los datos, millones de emprendedores, empresas, universidades, gobiernos locales y organizaciones sociales siguen sin poder acceder al insumo más valioso de esta nueva era: los datos. Es como si buena parte de la sociedad estuviera excluida del petróleo del siglo XXI. Y sin acceso a datos, no hay posibilidad de competir, innovar ni desarrollar soluciones a los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Ante este escenario, se están proponiendo modelos que buscan revertir esta realidad. En particular, la Unión Europea y el Reino Unido están impulsando enfoques que buscan democratizar el acceso a los datos a través de instrumentos como los espacios europeos de datos y los esquemas de Smart Data. Estos modelos están sentando las bases de una economía digital más abierta con inteligencia, equitativa e innovadora.
¿Qué tipos de datos existen y por qué importa su distinción?
En la conversación pública se habla mucho de datos abiertos, esos que los gobiernos y otras instituciones publican para que cualquiera pueda utilizarlos: censos, mapas, estadísticas, registros públicos. Son datos indispensables, sin duda, necesarios para la transparencia y la rendición de cuentas, pero que muestran sólo una parte del panorama.
Uno de los principales motores de la economía digital son los datos privados: los que generan las empresas, los dispositivos, los sensores, las transacciones, las plataformas. Son estos datos los que permiten, por ejemplo, anticipar enfermedades, diseñar productos financieros personalizados, o predecir fallas en una línea de producción antes de que ocurran. La mayoría de estos datos, sin embargo, no están disponibles para los emprendedores, otras empresas, el sector público o la investigación científica.
La diferencia entre unos y otros es como tener acceso a un mapa de carreteras (datos abiertos) versus saber, en tiempo real, cuántos autos circulan por cada calle, a qué velocidad, con qué consumo de combustible y con cuántos pasajeros (datos privados). La calidad de las decisiones —y del desarrollo tecnológico— cambia radicalmente.
Sin acceso a datos privados, no hay cuarta revolución industrial
La cuarta revolución industrial se basa en tecnologías como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas, la robótica avanzada y la computación en la nube. Todas ellas tienen un punto en común: necesitan datos para funcionar. Y no cualquier dato, sino datos actualizados, relevantes, granulares, accesibles y trazables.
Tomemos tres ejemplos:
Cambio climático y energía Para acelerar la transición energética, es indispensable contar con datos detallados de consumo, producción, eficiencia y distribución. En Reino Unido, el programa de Smart Data en energía permite que los consumidores compartan su información con terceros autorizados, lo que habilita desde comparadores de tarifas hasta soluciones para optimizar el uso energético en barrios enteros. Sin esos datos, el camino hacia la energía limpia se vuelve más lento, caro e ineficiente.
Salud La medicina personalizada depende del análisis de millones de registros de pacientes, sensores biométricos, historiales clínicos y patrones de comportamiento. Si esos datos no están disponibles para hospitales, startups o laboratorios (bajo esquemas de protección adecuados), el desarrollo de tratamientos más precisos y la prevención de enfermedades queda restringido a quienes ya controlan esos datos.
Manufactura inteligente En la industria 4.0, los datos de operación de máquinas, inventarios, logística y consumo energético permiten anticipar fallas, optimizar procesos y reducir costos. La Unión Europea ha impulsado espacios comunes de datos industriales que permiten compartir esa información entre empresas bajo reglas claras y seguras. El resultado: más innovación, menos desperdicio, más competitividad.
Europa y Reino Unido: dos modelos de acceso estratégico a los datos
Frente al valor estratégico de los datos, algunos países han planteado soluciones diversas para garantizar su acceso y aprovechamiento.
En la Unión Europea, la estrategia de datos busca crear espacios europeos comunes donde empresas, gobiernos y organizaciones puedan compartir datos industriales y sensibles de forma segura, estandarizada e interoperable. Ya existen espacios en salud, energía, movilidad, manufactura, agricultura, entre otros.
A través de estos espacios, la UE busca que los datos fluyan sin comprometer la privacidad, los derechos fundamentales o la competencia. Además, la UE ha creado instrumentos regulatorios como el Data Governance Act y el Data Act, que definen cómo se debe compartir el valor de los datos, bajo principios de equidad y apertura.
Estos instrumentos, sin embargo, también han generado algunas críticas. Varias Pymes han advertido sobre la complejidad técnica y jurídica que implican los requisitos de cumplimiento, lo que podría limitar su participación. Asimismo, existen dudas sobre cómo se protegerán los secretos comerciales y qué tan neutral será la gobernanza de los espacios de datos. Algunas voces señalan que, si no se acompaña con incentivos y apoyo técnico, esta inteligencia de datos podría no traducirse automáticamente en mayor innovación o inclusión digital. Estas críticas no buscan frenar estos modelos, sino fortalecerlos y asegurar que funcionen en beneficio de todos los actores del ecosistema digital.
El Reino Unido, por su parte, ha adoptado un enfoque sectorial basado en el concepto de Smart Data: esquemas donde los consumidores autorizan a terceros el acceso a sus datos para recibir servicios personalizados. El caso más emblemático es Open Banking, que obligó a los principales bancos a permitir que los usuarios compartieran su información financiera con nuevos proveedores de servicios. Esto permitió, por ejemplo, que una persona pudiera usar una aplicación para comparar todas sus cuentas y elegir automáticamente mejores opciones de crédito o ahorro, sin tener que cambiar de banco. El resultado fue un auge de servicios financieros digitales más personalizados y competitivos.
Inspirado en este éxito, el Reino Unido ha empezado a replicar el modelo Smart Data en sectores como la energía, donde los usuarios pueden autorizar a plataformas externas a acceder a sus datos de consumo para recibir recomendaciones sobre tarifas más baratas o esquemas más eficientes. Asimismo, se están explorando aplicaciones en salud, comunicaciones y pensiones, con el mismo principio: poner al usuario en el centro, dándole el poder de usar sus datos para obtener mejores servicios.
En ambos modelos, el principio es el mismo: los datos deben estar disponibles —con reglas— para que otros actores puedan innovar, competir y crear valor para la sociedad.
¿Y qué pasa en los países que lo dejan “al mercado”?
En contraste, economías como la estadounidense han optado por un modelo más liberal, donde el acceso a los datos queda en manos de las empresas que los recolectan. El resultado es una concentración de poder sin precedentes: unas pocas plataformas digitales controlan una cantidad desproporcionada de información sobre lo que la gente hace, piensa, consume o necesita.
Este modelo puede fomentar innovación en el corto plazo, pero genera asimetrías estructurales que impiden que otros actores —pymes, gobiernos, investigadores— compitan en igualdad de condiciones. Además, provoca que el mercado sea menos dinámico, menos diverso y menos resiliente.
Datos procesables, interoperables y reutilizables: las condiciones para innovar
No basta con que los datos estén “disponibles”. Para que generen valor deben cumplir tres condiciones:
- Procesabilidad automatizada y estandarizada: que estén en formatos estructurados que puedan ser utilizados por sistemas digitales y compartidos de forma segura.
- Interoperabilidad: que puedan combinarse y utilizarse entre distintos sistemas, plataformas o sectores sin fricción.
- Reutilización accesible: que puedan consultarse y usarse nuevamente bajo condiciones claras, seguras y no discriminatorias.
Esto requiere infraestructura técnica, marcos regulatorios adecuados y esquemas de gobernanza que aseguren el equilibrio entre apertura, privacidad, competencia y seguridad. Justo lo que la UE está construyendo con sus espacios de datos y lo que el Reino Unido promueve con sus esquemas de Smart Data.
¿Cómo habilitamos el valor de los datos en México y América Latina?
En América Latina, el debate sobre los datos todavía se enfoca demasiado en la privacidad y demasiado poco en el acceso. Ambos temas son esenciales, pero complementarios.
México necesita dar el salto hacia una política nacional de datos que aproveche el potencial de la información generada por las empresas, los dispositivos y los sistemas públicos. Esa política debe asegurar que los datos puedan utilizarse para el desarrollo económico, la innovación y el bienestar social, sin poner en riesgo los derechos de las personas.
Necesitamos diseñar reglas, plataformas y esquemas de incentivos que permitan a universidades, startups, gobiernos locales y Pymes tener acceso a los datos que hoy están encerrados en silos privados. Pero también es indispensable fomentar la generación, almacenamiento, uso y aprovechamiento de datos privados en México. Sin una cultura activa de producción y circulación de datos útiles, los espacios de datos no tendrán insumos suficientes para detonar innovación, desarrollo e inclusión digital en todo el país. Y necesitamos hacerlo pronto. Los aprendizajes de Europa y el Reino Unido muestran que se está trabajando en modelos para equilibrar privacidad con innovación, y acceso con protección. Porque en la economía de datos, quien no accede, no innova. Y quien no innova, se queda atrás.
Bibliografía
Comisión Europea. (2020). Una Estrategia Europea de Datos. COM(2020) 66 final. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX%3A52020DC0066
Comisión Europea. (2024). Common European Data Spaces. SWD(2024) 21 final. https://data.europa.eu/data/datasets
UK Government. (2025). Potential new Smart Data scheme to drive innovation and support consumers in the energy market. https://www.gov.uk/government/news/potential-new-smart-data-scheme-to-drive-innovation-and-support-consumers-in-the-energy-market
Smart Data Research UK. (2024). Smart Data Research Programme. https://www.ukri.org

Alberto cuenta con amplia experiencia en el diseño de políticas públicas relacionadas con las tecnologías de la información y las comunicaciones. En marzo de 2021 fundó CMD para impulsar la transformación digital centrada en las personas y las micro, pequeñas y medianas empresas. Desde CMD coordinó la elaboración y publicación del primer Índice de Desarrollo Digital Estatal de México y de la plataforma ¡Digitalízate! para apoyar a las micro y pequeñas empresas a autoevaluarse y llevar a cabo su digitalización de una manera sencilla.
17 abril, 2025
Lorem


